DNI: nombres y números para todos

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DNI: nombres y números para todos

¿Saben cuántas personas vivimos en este planeta? Dicen que seremos unos 7.000 millones de habitantes a fines de 2011. Un montón, ¿no? Pero lo más increíble es que, encima de ser tantos, ¡seamos todos distintos!

¿Alguna vez se pusieron a pensar en qué nos diferenciamos o cómo nos reconocemos unos de otros?

La apariencia física, el carácter, el nombre propio o algunas formas de identificación ayudan a desarrollar la identidad de cada uno, es decir, a saber quién es cada uno y a poder comunicarlo.

Lo interesante es que, más allá del nombre que nos pusieron nuestros padres, los países necesitan llevar un control de todas las personas que habitan su territorio. En nuestro país, actualmente, ese control se hace desde el Ministerio del Interior. Ahí se hace, entre otras cosas, el DNI, que quiere decir Documento Nacional de Identidad; este se entrega a nacidos en Argentina y también a los extranjeros que deciden vivir acá.

El documento es una identificación personal. Cuando un ciudadano argentino nace, sus papás deben anotarlo en el Registro Nacional de las Personas, que es una oficina que le asigna a cada uno un número único, que nunca se modificará. Así, además de nuestro nombre y apellido, tenemos un número que nos va a acompañar toda la vida.

Florencio Randazzo es el ministro del Interior. Nos contó que, desde 1968, el documento es obligatorio y que en el último año hubo muchas modificaciones:
• Antes el DNI era verde y ahora es celeste, para que tenga que ver más con un color que nos identifica como país. (¡Vamos la blanquiceleste!).
• Antes se hacía a mano y ahora en forma digital, gracias a la tecnología.
• Antes se hacía en el lugar donde nacíamos. Ahora, en cualquiera de los 1.700 puestos que hay en todo el país.
• Antes solo tenía forma de libreta. Ahora tiene forma de tarjeta para hacer distintos trámites.
• Antes era falsificable (¡qué truchos!). Ahora tiene 32 medidas de seguridad.

El ministro nos aclaró que, actualmente, el documento argentino tiene formato de credencial y también de libreta. La credencial se usa para trámites de todos los días. Pero el formato de libreta se mantiene para que los ciudadanos puedan votar. En nuestro país el voto es obligatorio, y los mayores de 18 años deben tener su DNI, porque una vez que votaron se les sella el documento para que quede registrado que fueron a votar (y que cumplieron con ese deber cívico).

Algunas cosas para tener en cuenta:
– El trámite es gratuito para que no haya indocumentados en nuestro país.
– El documento sirve solo dentro de nuestro país y del MERCOSUR. Si queremos ir a otro lado, debemos tener un documento de viaje que se llama pasaporte. Ese documento es obligatorio y tiene más normas de seguridad.
– Todos estos documentos tienen fecha de vencimiento. ¡Hay que estar atentos!
– Lo importante en el documento no es la foto del documento, sino la huella dactilar. ¡Así que no importa si sos punk, flogger o llevás peluca! ☺

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Límites de una ciudad…

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Límites de una ciudad…

¡Hoy descubrimos que nuestra ciudad termina en el lugar donde empieza otra! Es decir, la ciudad tiene límites y sus reglas. Por ejemplo, no podemos anotarnos en un concurso de ajedrez municipal si no somos vecinos de esa ciudad.

El país está organizado en provincias y, dentro de ellas, en municipios. Los municipios son las distintas ciudades donde el jefe máximo es el intendente.

A los municipios se los llama “gobiernos locales”. La Constitución Nacional dice que las municipalidades se van a organizar según lo que digan las constituciones provinciales. También que son autónomas. Es decir, que pueden elegir su forma de gobierno, hacer resoluciones y elegir a sus autoridades a través del voto popular.

Entonces, los municipios se rigen por las leyes nacionales, las de cada provincia y también por ordenanzas. Estas leyes de las ciudades son solo para los vecinos de ese lugar. Con las ordenanzas se establece, por ejemplo, que se hará un paso a nivel, que se ayudará a que se instalen fábricas en la zona, que se permitirán kioscos de flores en las veredas, que se pondrán más señales de tránsito en las calle, que se destinará más dinero para hacer distintas tareas, etc. Estas ordenanzas las sancionan los Concejos Deliberantes.

Lucas Ghi es el intendente de Morón, en la Provincia de Buenos Aires. Él nos contó que un intendente gobierna su ciudad (es como el presidente de ese lugar). Tiene que ocuparse del mantenimiento de las calles, las plazas, los hospitales, las salas de salud o los jardines municipales. También de hacer actividades culturales o deportivas. Nos explicó que no es una tarea fácil y que por eso se hace en equipo, con personas capacitadas en distintos temas que ayudan a dar respuesta a los problemas del lugar.

Lo más importante es que, como vecinos o vecinas de un lugar, podemos hacer reclamos, contar nuestros problemas y también ayudar a buscar soluciones, ¿no?

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“No nos pinchan nada”… ¿O mejor sí?

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“No nos pinchan nada”… ¿O mejor sí?

¿Cuántas veces lloramos o pataleamos porque no quisimos darnos una inyección? Vamos, no se hagan los valientes… a nadie le gusta que le den un pinchazo, pero hoy podemos contarles un caso fuera de lo común…
¡En este momento, en nuestra propia escuela, hay un grupo de amigos amotinados en el primer piso porque no quieren vacunarse!

Aunque les explicamos que las vacunas son lo mejor para que no nos enfermemos, que es importante vacunarse porque si lo hacés te cuidás a vos y a los demás, y que no duelen tanto, no quieren saber nada acerca de jeringas y agujas.

Pero las inyecciones no son tan graves. Casi nunca duelen. Y si duelen, es mil veces menos que un pellizcón. Piensen lo siguiente: darse una vacuna es preferible a estar una semana en la cama.

Lo dijo con mucha claridad la Jefa del Programa Nacional de Inmunizaciones, la Dra. Carla Vizzotti: “Las vacunas nos protegen de muchas enfermedades. Son una inyección muy chiquitita que logra que nuestro cuerpo genere las defensas para muchas enfermedades. Es muy importante que los chicos nos vacunemos porque, cuando lo hacemos, también ayudamos a los demás. Al estar protegidos, cuidamos a aquellos que no pueden vacunarse (a los bebés, a los ancianos, a las personas que tienen otras enfermedades…). Por eso hay que pensar que las vacunas son solidarias”.

Las vacunas son una preparación que tiene gérmenes en muy pequeñas dosis. Son preparadas por los científicos en los laboratorios para que, a través de distintos procesos, se pueda disminuir la capacidad de enfermar de esos organismos.

Otro conjunto de expertos es el que decide quiénes deben vacunarse, cuándo hay que hacerlo y qué vacunas tiene que darse la población. Ellos arman lo que se llama el “calendario de vacunación”.

Hay vacunas y refuerzos. Si no nos damos los refuerzos, también nos podemos enfermar. Por eso es importante que, desde que nacemos hasta que seamos grandes, nos demos todas las vacunas y refuerzos de ese calendario. La mejor manera de saber que lo hicimos es a través del certificado de vacunación. ¡Eso te lo piden siempre en la escuela!

Las vacunas las pagan todos los ciudadanos cuando pagan sus impuestos. Con esa plata, el Estado puede hacerse cargo de la salud de la gente, comprando las vacunas y distribuyéndolas en todo el país. Así, chicos y grandes pueden aplicárselas en forma gratuita en los vacunatorios de cada lugar.

Por eso… a nuestros amigos encerrados en el aula, les recomendamos apretar los labios bien fuerte, mirar para otro lado, cantar una canción o recitar un poesía para no ver la aguja, pensar en las vacaciones o en lo que quieran, pero tienen que animarse a la inyección, porque aunque a nadie le guste poner el brazo… cuando te explican que la vacuna es lo mejor para no enfermarte, la cosa cambia, ¿no?

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¡Qué trabajo da trabajar!

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¡Qué trabajo da trabajar!

Trabajar es algo muy importante. Gracias al trabajo, los adultos pueden mantenerse a sí mismos o a sus familias. También ayuda a que las personas se sientan útiles y capaces cuando tienen un oficio o una profesión. Sin embargo, trabajar no parece ser algo tan sencillo. Hace falta poner tiempo, esfuerzo personal y también responsabilidad. En cualquier trabajo hay que cumplir las tareas con compromiso (llegar a horario, cumplir con los objetivos, cuidar el lugar, ser respetuoso del grupo, etc.).

Pero no todo depende del trabajador, las condiciones en las que se hacen las tareas también deben ser cuidadas por parte del empleador (así se llama al que da el trabajo).

Hay un conjunto de leyes que cuidan a los que trabajan. El salario digno, la jornada laboral de 8 horas, las vacaciones, el aguinaldo, la licencia por enfermedad o la obra social son algunos de los derechos que corresponden a todas las personas que trabajan.

Eduardo López es secretario de UTE-CTERA. Él nos contó que, hace mucho, esto no existía. Si la gente se enfermaba, no cobraba o no tenía tiempo de vacaciones. Por eso los trabajadores se organizaron y formaron sindicatos, que son grupos de trabajadores (de maestros, colectiveros, médicos, camioneros, etc.) que luchan para lograr y mantener sus derechos. Hay tantos sindicatos como tipos de trabajos, y las personas se afilian si quieren, no es obligatorio. También hay una organización mayor que reúne a todos en una misma central. Cuando un sindicato quiere reclamar algo, puede organizar una marcha, un paro, una huelga o cualquier otra medida que avise a los empleadores y al resto de la gente que algo anda mal.

Pero más allá de las leyes y los sindicatos, muchos de los problemas relacionados con el trabajo no se resuelven fácilmente. Allí actúa el Ministerio de Trabajo. El ministro Carlos Tomada nos los explicó muy bien: “Cuando hay un problema en una fábrica o una huelga, tratamos de ayudar a que las partes se pongan de acuerdo. Por ejemplo, si de un lado está la empresa y del otro los trabajadores, tratamos de que uno aumente la propuesta de salarios y el otro que baje un poco sus pretensiones. También nos ocupamos de que la población tenga trabajo en blanco, es decir, trabajo registrado. Porque de otro modo no se podrán cumplir los derechos establecidos”.

¡Ahora ya sabemos algo más! Cuando haya huelga o una manifestación, podremos preguntarnos qué derechos y responsabilidades se están poniendo en juego.

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¿Ley antigolosinas?

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¿Ley antigolosinas?

¿Qué opinarían si prohibieran vender golosinas en todas las escuelas del país?

Eso es lo que pasó esta semana en nuestra escuela. A nuestro queridísimo profesor de Educación Física se le ocurrió que sería buena idea prohibir las golosinas, porque parece que hay un proyecto de ley que dice que los kioscos de las escuelas tienen que ofrecer productos saludables… ¡Y ahora, si queremos comer algo en el recreo, tenemos que elegir entre bananas, manzanas o mandarinas! Aunque sabemos que la fruta es sana, algunos estamos muy enojados. Pero ¿podemos hacer algo?

Para empezar: averiguar cómo se hace una ley. ¿Es que cualquiera puede proponer leyes?

Las leyes se sancionan en el Congreso de la Nación, que está formado por la Cámara de Diputados de la Nación y el Senado de la Nación. Ahí trabajan 257 diputados y 72 senadores que son elegidos por toda la población mayor de 18 años. Se trata del Poder Legislativo del que habla la Constitución Nacional.

La senadora Blanca Osuna nos contó que una ley puede empezar por distintos caminos. Una forma es que la propongan los legisladores, otra es que la acerquen uno o varios ciudadanos. La ley comienza como un “proyecto”, después se discute en una comisión según el tema que trate y más tarde pasa a una de las dos Cámaras para que se la apruebe.

También hablamos con el diputado Eduardo Macaluse, quien nos contó que el camino es largo, porque cuando el proyecto se aprueba en una Cámara, pasa a la otra. A la primera se la llama “Cámara de origen”; a la segunda, “Cámara revisora”. Recién después de que está aprobada en los dos recintos, va al Poder Ejecutivo. El presidente o presidenta tiene diez días para promulgarla como ley (que quiere decir publicarla formalmente y hacer que se cumpla) o vetarla (que quiere decir que no salga… ¡Pulgar abajo!). Cuando se aprueba, se publica en el Boletín Oficial y a partir de allí empieza a regir.

Es importante que haya dos Cámaras para que no decida un solo grupo de personas. Es importante también que se discuta para llegar a un consenso (es decir, ponerse de acuerdo) Por ejemplo: si hay un grupo de personas a favor de prohibir la venta de golosinas y otro en contra, sería bueno ponerse de acuerdo en que no se vendan las golosinas que hacen mal a la salud o no son muy nutritivas. ¡¡¡Pero NO TODAS !!! ☺

Las leyes nunca van a conformar a todo el mundo. Lo importante es que todos podamos proponer ideas para leyes que nos parezca que hacen falta. También que hay personas que nos representan para discutirlas, mejorarlas y aprobarlas.

¡Amig@s del blog: proponer leyes es cosa de todos!

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¡Diferentes pero iguales!

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¡Diferentes pero iguales!

En nuestra escuela, pasan muchas cosas todos los días. De las buenas y de las otras. De las que nos hacen reír y de las que nos pueden hacer llorar. Algunas de las cosas que nos enojan y entristecen ocurrieron –como en muchas escuelas– todas juntas en un solo día. ¡Qué mal!
Para arrancar, el compañero que siempre se burla de todos vino especialmente inspirado; después Barramati no dejó que las chicas jugaran al fútbol; y después un compañero acusó a otro de robarle el mp3 y ahora puede ser que lo echen.

En una sola mañana, entonces, nos dimos cuenta de que la discriminación es cosa de todos. Porque a todos nos afecta y porque mucha veces, sin querer, discriminamos también. Preocupados, nos propusimos buscar una solución. Internet nos dio una primera pista: el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI). Allá fuimos.

Pedro Mouratian está a cargo de esta oficina y nos contó que todos somos diferentes pero, al mismo tiempo, tenemos los mismos derechos. Eso más allá del color de piel, de la religión, del origen étnico, del país donde nacemos, de si somos varón o mujer o cualquiera sea nuestra orientación sexual. Todos tenemos los mismos derechos y todos somos diferentes. Si esas diferencias no son respetadas, no solo es injusto, sino también discriminatorio.

De esa charla nos fuimos con muchas pistas nuevas para buscar nuestra solución. Primera: lo más importante es saber que todos tenemos los mismos derechos. Segunda: frente a una persona que discrimina, es necesario recordarle cuáles son estos derechos. Tercera: si la persona no cambia de actitud, se puede presentar una denuncia al INADI. Y cuarta: si el problema no se resuelve, puede hacerse una denuncia para presentar ante un juez.

Y eso hicimos.
Bueno, no. No denunciamos a nadie, pero fuimos a ver a un juez: Daniel Rafecas. Nos atendió en su despacho y nos aclaró más: en una escuela no debería haber discriminación. Es como una moneda: de un lado está el principio que nos obliga a todos los ciudadanos a no discriminar; del otro lado, el principio de igualdad ante la ley. Es muy importante aprender a conocer a los otros y respetarlos tal como son.

Así llegamos a la última pista: muchas de las cosas que pasan en la escuela pueden resolverse allí mismo haciendo valer nuestros propios derechos. Los derechos de los chicos. En nuestro caso, algunos se dieron cuenta de que burlarse de otros es una forma de discriminar, otros entendimos que nunca hay que juzgar o discriminar por origen, religión, familia, sexo o color de piel. Además de todo eso, Barramati, el profesor de Educación Física, debió darle la pelota a las mujeres y archivar su machismo. ¡Al fútbol jugamos tod@s!

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Consejos para circular en la calle

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Consejos para circular en la calle

Vivir en sociedad no es algo sencillo. No todos somos iguales. Tenemos distintas costumbres, preocupaciones o intereses. Ganas de hacer algunas cosas y pocas ganas de hacer otras. Distintas maneras de hablar y de pensar también. De eso nos damos cuenta al caminar por la calle, al mirar la tele o al salir al patio de la escuela. Pero si todas las personas hiciéramos lo que queremos y de la manera que queremos, la convivencia sería imposible. Por eso existen leyes nacionales y provinciales u ordenanzas municipales que nos ayudan a ordenarnos. Nos marcan qué cosas podemos hacer y cuáles no.

Para los que vivimos en una ciudad grande, hay un ejemplo muy claro de lo difícil que es vivir juntos: el tránsito. Por eso hay una ley que lo organiza: la Ley Nacional de Tránsito. También hay personas encargadas de hacerla cumplir. Ellos son policías, agentes de tránsito y quienes trabajan en los tribunales de faltas (que pueden tener distinto nombre según el lugar).

La ley es la 26.363 y está hecha para todos: para los conductores de autos, colectivos, camiones, motos o bicicletas; para los peatones y para los pasajeros. Es decir, para los que circulamos por las calles o las rutas del país. La sargento Ana Ruiz es suboficial de la Policía Federal. Ella nos ayudó a resolver un problema que tuvimos en la calle por culpa de un auto mal estacionado. También, a entender más sobre vialidad.

La sargento nos dijo que un auto estacionado sobre la vereda está incumpliendo una norma (y ni hablar si dos amigos casi tienen un accidente porque el dueño del auto lo deja en cualquier parte). Por eso, ella le hizo un acta de infracción, que es como un llamado de atención que se le hace al conductor, donde figura la patente del auto y el lugar donde se cometió la falta. No es un reto, simplemente se trata de evitar incidentes graves.

Además nos contó que hay muchas reglas para conductores de autos y camiones, porque son pesados, rápidos y peligrosos. Pero también que hay reglas que deben seguir los ciclistas: usar casco, ir por la calle solo si se tiene más de 12 años, ir por la derecha cerca del cordón, no cruzar en rojo y no ir a contramano. ¡Como los autos! El peatón también tiene sus obligaciones: caminar por las veredas, cruzar por las esquinas, respetar semáforos. El pasajero, usar cinturón de seguridad. ¡Todos tienen su parte!

El director de la Agencia Nacional de Seguridad Vial nos dijo que, para la convivencia en la calle, puede dar buenos resultados hablar con los vecinos para explicarles los problemas que nos provoca algo que pueden estar haciendo mal. Tener bien claro cuáles son los espacios públicos, es decir, de todos, es un gran paso. Igualmente nos remarcó que hay algunos problemas muy graves: el exceso de velocidad, no usar cinturón de seguridad, que los chicos no viajen en el asiento de atrás y manejar cansado, hablando por celular o habiendo tomado alcohol.

En todos los países existe la educación vial, que sirve para que las personas tomen conciencia de lo importante que es ser respetuosos de las normas. Es la mejor manera de evitar accidentes… ¡porque es cosa de todos!

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¿Qué nos gusta y qué no nos gusta aprender en la escuela?: ¡esa es la cuestión!

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¿Qué nos gusta y qué no nos gusta aprender en la escuela?: ¡esa es la cuestión!

Hay materias de la escuela que no nos gustan para nada. Por suerte, otras que sí. Pero en ese preciso momento en que estamos tratando de hacer algo que no nos sale ni interesa… aparece la gran pregunta: ¿a quién se le habrá ocurrido que tengamos que aprender esto?

Nos encantaría proponer otros temas. Entre todos los chicos y las chicas de la escuela, juntamos un montón de ideas. Pero ¿podemos hacerlo? ¿Quién decide qué se enseña en el país? ¿Todos tenemos que aprender lo mismo?

Pensamos que el ministro de Educación era el que definía todo. Y por eso fuimos a entrevistarlo. El profesor Alberto Sileoni nos contó que él no es el único que decide. Se reúne con los ministros de Educación de las veinticuatro provincias del país. Allí, todos juntos, debaten y deciden lo que se va a estudiar. Hay temas generales que se estudian en todas las provincias y otros que dependen de cada región o lugar, nos dijo.

Resulta, entonces, que decidir lo que se enseña en la escuela es un trabajo en equipo. Participan maestros, directores, especialistas y personas que trabajan en los gobiernos de distintas partes del país. Así se arma el currículo, es decir, los temas que se van a enseñar y debemos aprender (a no confundir con lo que mandan los adultos para buscar trabajo, los currículum vítae, que son los resúmenes de sus estudios y experiencias anteriores).

Estos temas tienen que ver con lo que la sociedad considera importante en un momento determinado. Por eso van cambiando. Hay cuestiones que se mantienen y otras que se modifican. Por ejemplo, la escuela siempre enseña a leer y escribir. Pero si un presidente gobernó hace diez años, nuestros papás no lo estudiaron y nosotros tendremos que hacerlo.

El ministro nos dijo algo que nos dejó pensando: “Aunque a veces sea difícil de entender, la escuela ayuda a resolver el futuro. Siempre decimos que no hay destino fuera de la escuela. Que siempre es muy importante estudiar”.

Alicia Fernández también fue muy clara. Ella es la Directora de Gestión Curricular y nos explicó que no es posible dejar ninguna materia en la escuela primaria. Ni siquiera aquella que no nos gusta. Y aunque la noticia sea un bajón, nos dio varios argumentos que parecen razonables, por ejemplo, que no podemos saber qué de todo lo que aprendemos hoy nos va a ser útil después. Tampoco podemos saber si hay algunas cuestiones del conocimiento que nos van a llevar a otros nuevos. Además, las materias y algunos temas en particular son obligatorios para aprobar y pasar de grado; y hay muchas cosas que, si no están en la escuela, no las podemos aprender en otro lado. También que la escuela primaria sirve para saber qué nos gusta y poder elegir después.

Así que, aunque se trata de una repuesta difícil de digerir, podemos pensar esto: siempre hay algo que nos despierta curiosidad y ganas de saber más. Eso está bueno. Incluso las cosas que pensabas que no servían para nada pueden ser útiles en algún momento… ¡y sorprenderte en el momento menos pensado!

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¿Cómo se hacen los billetes?

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¿Cómo se hacen los billetes?

¿Quién no imaginó alguna vez fabricar su propio dinero? Uno de nosotros lo intentó, pero no le fue muy bien (aunque el billete quedó lindísimo). Lamentablemente, no podemos crear plata con nuestras manos: un billete no es un papel dibujado. Hay muchas cosas que lo hacen valer.

Cada país tiene sus propios billetes. En Argentina, la plata se produce en la Casa de la Moneda. Se trata de una fábrica como cualquier otra, con máquinas y operarios, pero en la que se hacen billetes y monedas. De ahí salen en camiones que los llevan al Banco Central. Luego, se reparten en los bancos (públicos y privados) de todas las provincias.

Los bancos, entonces, no fabrican el dinero. Solo lo guardan en una caja fuerte que se llama tesoro. Lucas Rodríguez, que es jefe de Caja de Ahorro, nos contó que los bancos también prestan dinero a las personas o abren cuentas para que ellas puedan guardar su propia plata. A través de los cajeros también se pueden pagar cuentas o simplemente pedir cambio.

La presidenta de la Casa de la Moneda se llama Katya Daura y nos explicó cómo son los billetes verdaderos: se hacen en un papel especial, tienen números que indican su valor y están dibujados en distintos colores para que todos podamos reconocerlos fácilmente. Además, como medidas de seguridad, usan unos hilos plateados dentro del papel, una especie de “fantasmita” y tintas que cambian de color según cómo se las mire. Así podemos darnos cuenta de que se trata de uno de “los buenos”.

Mirando con atención, nos dimos cuenta de que los pesos argentinos llevan las caras de distintos próceres. Pero ninguno tiene la de Belgrano, que fue quien ordenó hacer las primeras monedas del país. Tampoco la de alguna mujer importante de nuestra historia, o de algún chico. “Esa es una deuda pendiente que tenemos”, nos dijo Katya. Para hacerlo tenemos que pedir permiso al Congreso o a la Presidenta”. Ojalá lo hagan, ¿no?

En conclusión: la plata que vale de verdad se fabrica y se distribuye de manera muy cuidada. Para conseguirla, los adultos tienen que trabajar. Nosotros, mientras tanto, podemos esperar a que alguien nos haga un regalo en efectivo por nuestro cumpleaños o, a lo mejor, podríamos intentar con el trueque. Significa cambiar un objeto por otro. Esa era la forma en que se manejaban las personas antes de que hubiera dinero.

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¡¡¡Derechito al derecho!!!

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¡¡¡Derechito al derecho!!!

Nuestro blog estuvo bloqueado. Barramati, el profe de Educación Física, se enojó porque contamos que mandó a Dirección a una compañera que no había hecho nada. La acusó injustamente de empujar a otro compañero, y como lo contamos… ¡nos bloqueó el blog!

Nos dio una bronca tremenda, porque él no tiene ningún derecho a callarnos. Estuvimos un montón de tiempo intentando desbloquearlo, pero no pudimos. Entonces nos preguntamos quién podría obligar a Barramati a que nos devuelva el blog. Seguramente tenía que ser alguien que tuviera mucha más autoridad que él, su jefe o algo así. Pensamos en varias personas, hasta que se nos ocurrió que teníamos que contactar a la persona con más autoridad en el país: ¡obvio, la Presidenta!

Bueno, resulta que nos equivocamos porque, cuando fuimos a buscarla, nos encontramos con otras personas que nos explicaron que las cosas no funcionan así, que la Presidenta de la Nación no puede decidir y ocuparse de todos los temas, y que además ella no trabaja sola.

¿Saben por qué? Porque un país es demasiado grande y necesita estar organizado para poder gobernar a tanta gente. Hay normas, leyes, distintas autoridades y un gobierno al que eligen los ciudadanos.

La cosa es así. El gobierno está organizado en tres poderes:

– El Poder Legislativo, que es el que hace las leyes. Allí trabajan diputados y senadores.

– El Poder Judicial, que es el que hace cumplir las leyes. Allí trabajan los jueces.

– El Poder Ejecutivo, que es el que ejecuta las leyes y administra el país. A cargo del Poder Ejecutivo está el presidente, y de él dependen los ministros.

Así se organiza el país, pero también las provincias y los municipios están organizados. En las provincias hay gobernadores, cámaras legislativas y un Poder Judicial de la provincia. En las localidades hay intendentes y consejos deliberantes (quiere decir, donde “deliberan” o discuten las cosas importantes para el lugar).

Le preguntamos a Isabelino Siede, el maestro de Ciencias Sociales, por qué el gobierno no está ordenado en un solo poder. Nos dijo que hubo épocas donde había uno solo que mandaba a todos, como un rey. Pero esa persona quería decidir sobre absolutamente todo, y no siempre eso que decidía era lo mejor (o lo mejor para el país). Por eso hay tres poderes: para que se puedan controlar entre ellos y que ninguno tenga poder absoluto. Todo esto está escrito en la Constitución Nacional.

¿Qué es la Constitución Nacional? La Constitución es un libro que establece las cosas que se pueden hacer, garantiza los derechos y las libertades que tenemos los ciudadanos. Es decir, las cosas que podemos hacer libremente y que nadie puede impedir… ¡como el derecho a EXPRESARNOS!  ¡Y para eso sirve nuestro blog!

Fue una abogada, Nancy Cardinaux, la que nos dio la gran pista final. “Generalmente, todos cumplimos con lo que plantea la Constitución. Por eso no hace falta recurrir siempre al presidente o a un juez para que le ordene a alguien hacer o dejar de hacer algo. A veces alcanza con dar a conocer que se está incumpliendo un derecho. Eso es suficiente”, nos dijo.

Le hicimos caso. Se nos ocurrió una idea buenísima: dar a conocer lo que había hecho Barramati con nuestro blog, repartiendo volantes en la escuela. Porque bloquear el blog es impedir nuestro derecho a contar ideas y opiniones propias.

Y como la gente se indignó, a Barramati no le quedó otra que devolvérnoslo.

¡Y aquí estamos de nuevo!

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