Injusticia de patas cortas

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Injusticia de patas cortas

Las mentiras tienen patas cortas. Pero, a veces, es necesario volver sobre sus pasos para entender cómo se generan y qué consecuencias pueden tener. Todo empezó con Barramati, ¡¿cuándo no?! Ahora nos acusaba en uno de sus videos semanales de ser vándalos, delincuentes y de tener un “blog criminal” (uff, qué pesado que es…).

Lo que pasó es lo siguiente: en la pared de un vecino apareció pintado el logo de “Cosa de todos” y, aunque nadie se hacía cargo de la autoría del grafiti, llegaron rumores de que el responsable era Camilo… ¡Y de que se lo habían llevado preso por hacerlo!

Por supuesto, salimos corriendo a averiguar si era cierto y cómo podíamos ayudarlo. Llegamos a Tribunales, donde trabajan abogados, jueces, fiscales y demás personas que en nuestro país se ocupan de que las leyes se cumplan, resolviendo juicios, demandas, diferencias, etcétera.

Nos preguntamos: ¿es delito hacer un grafiti? ¿Alguien puede ir preso por ese hecho? Si esa persona es un chico, ¿cómo se la juzga?

Por suerte, pudimos hablar con el Dr. Martiniano Terragni, que es abogado y se ocupa especialmente de casos en los que están involucrados chicos y jóvenes menores de dieciocho años. Él nos explicó que a los chicos nos corresponde un tratamiento especial ante la ley y que eso debe ser respetado siempre. Claro, esto no quiere decir que se pueda hacer cualquier cosa. Para eso existe un Código Penal, que es como un catálogo de conductas no permitidas, que explica qué sanciones le corresponden a cada caso. Esa tarea debe realizarla un juez. En algunos casos, la solución puede ser hacer un trabajo comunitario o buscar un acuerdo entre todos los involucrados; también hay instituciones especializadas para contener a los chicos que hicieron algo más complicado, pero siempre depende de un juez, que decide qué es lo mejor para todos.

Pero lo que nos dejó más tranquilos fue saber que nadie va a la cárcel por pintar un grafiti… aunque dañar la propiedad ajena no es una travesura inocente y no alcanza con “dejar de mirar la tele por una semana” para compensar al vecino, que bastante enojado estaba por su pared pintada.

Nos quedó claro, a la vez, que nuestra Constitución Nacional establece que todas las personas son inocentes hasta que se demuestra lo contrario.

Y hablando de inocencia…

Resulta que Camilo no solo no estaba preso, sino que era inocente. El grafiti lo pintó… bueno, no somos buchones, pero digamos que la pintada, la pared del vecino y su enojo eran responsabilidad de “Cosa de todos”, y decidimos hacernos cargo de nuestros errores.

Así que, brocha en mano, fuimos a pedir disculpas y acordamos con el vecino que íbamos a limpiar y a pintar la pared para dejarla como nueva. Por suerte, en ocasiones como esta, los problemas pueden solucionarse a través del diálogo y el acuerdo. Y, cuando no, cuando los derechos de las personas entran en conflicto, se puede recurrir a la Justicia.

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