“No nos pinchan nada”… ¿O mejor sí?

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“No nos pinchan nada”… ¿O mejor sí?

¿Cuántas veces lloramos o pataleamos porque no quisimos darnos una inyección? Vamos, no se hagan los valientes… a nadie le gusta que le den un pinchazo, pero hoy podemos contarles un caso fuera de lo común…
¡En este momento, en nuestra propia escuela, hay un grupo de amigos amotinados en el primer piso porque no quieren vacunarse!

Aunque les explicamos que las vacunas son lo mejor para que no nos enfermemos, que es importante vacunarse porque si lo hacés te cuidás a vos y a los demás, y que no duelen tanto, no quieren saber nada acerca de jeringas y agujas.

Pero las inyecciones no son tan graves. Casi nunca duelen. Y si duelen, es mil veces menos que un pellizcón. Piensen lo siguiente: darse una vacuna es preferible a estar una semana en la cama.

Lo dijo con mucha claridad la Jefa del Programa Nacional de Inmunizaciones, la Dra. Carla Vizzotti: “Las vacunas nos protegen de muchas enfermedades. Son una inyección muy chiquitita que logra que nuestro cuerpo genere las defensas para muchas enfermedades. Es muy importante que los chicos nos vacunemos porque, cuando lo hacemos, también ayudamos a los demás. Al estar protegidos, cuidamos a aquellos que no pueden vacunarse (a los bebés, a los ancianos, a las personas que tienen otras enfermedades…). Por eso hay que pensar que las vacunas son solidarias”.

Las vacunas son una preparación que tiene gérmenes en muy pequeñas dosis. Son preparadas por los científicos en los laboratorios para que, a través de distintos procesos, se pueda disminuir la capacidad de enfermar de esos organismos.

Otro conjunto de expertos es el que decide quiénes deben vacunarse, cuándo hay que hacerlo y qué vacunas tiene que darse la población. Ellos arman lo que se llama el “calendario de vacunación”.

Hay vacunas y refuerzos. Si no nos damos los refuerzos, también nos podemos enfermar. Por eso es importante que, desde que nacemos hasta que seamos grandes, nos demos todas las vacunas y refuerzos de ese calendario. La mejor manera de saber que lo hicimos es a través del certificado de vacunación. ¡Eso te lo piden siempre en la escuela!

Las vacunas las pagan todos los ciudadanos cuando pagan sus impuestos. Con esa plata, el Estado puede hacerse cargo de la salud de la gente, comprando las vacunas y distribuyéndolas en todo el país. Así, chicos y grandes pueden aplicárselas en forma gratuita en los vacunatorios de cada lugar.

Por eso… a nuestros amigos encerrados en el aula, les recomendamos apretar los labios bien fuerte, mirar para otro lado, cantar una canción o recitar un poesía para no ver la aguja, pensar en las vacaciones o en lo que quieran, pero tienen que animarse a la inyección, porque aunque a nadie le guste poner el brazo… cuando te explican que la vacuna es lo mejor para no enfermarte, la cosa cambia, ¿no?

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